INTO

THE WILD



La Patagonia nos despierta a sentir. El agua desciende en racimos de la cordillera, infinitas cascadas deslumbran a la distancia con brillos platas sobre la húmeda piedra granítica.

Arboles nativos se desdoblan sobre la carretera Austral. 

El pájaro local llamado chucao camina cantando junto a nosotros en su propia carretera bajo helechos gigantes prehistóricos. 

El silencio es profundo y el sol mezquino. Se abre paso entre nubes borrascosas para encandilar brevemente las cumbres que recibieron hielo hace mil años.

Delfines solitarios buscan alguna embarcación amiga en los canales y el mayor avistamiento en el hemisferio sur de ballenas azules se dejan hasta casi tocar en el Golfo de Corcovado.

En la superficie, la quieta marina se refleja en todo lo que por sobre ella se asoma. Sueño con un formidable indio Patagón, mirando su cuerpo pintado reflejado en ella con amistosos colibríes suspendidos en el aire a su alrededor.

Como un cristo rodeado de ángeles. Su amplio pie se apoya desnudo sobre un colchón de hojas. Conectado con la tierra, sacrificado en ella. Solo su nombre lleva este paraíso. 

Mudos arboles centena rios lo vieron nadar en estas gélidas aguas. Zorros y pumas sigilosos lo vieron pasar por senderos de hojas y flores coquetas que iluminaron su imaginación.

Patagonia fulminante me abrazas y me desnudas. Descanso limpio, flotando en tus aguas termales mirando sin apuro cada única nube que flota sobre mí en este cielo austral.

Mi corazón y retina están contigo.